Bruna Monestiroli fue una gran concertista, tocó en palacios, sobrevivió dos guerras mundiales y llegó a Caracas desde Roma por cuestiones de la vida. Tras sufrir las secuelas de un bombardeo en el que los dedos de sus manos quedaron deformes, cambió los escenarios para convertirse en una de las mejores profesoras de piano.
Yo tuve la suerte de estudiare con ella. Pero mis manos también me fallaron, debido a mis cervicales y no pude continuar. Dos mujeres, dos épocas, y las manos en el centro de las dos. Y a pesar de todo, la música nunca se fue. Nunca se irá.
En el próximo episodio te llevo a Módena, al olor de la pasta recién hecha, a un restaurante familiar y a un exorcista con lista de espera. Sí, has leído bien.
