De una noticia de sucesos a una ficción sonora: cómo nació Nueve Noches

Todo empezó con una noticia

 

Muchas historias parten de un trasfondo de verdad: una noticia, una biografía o un momento concreto de nuestra historia.

En este caso, fue una noticia que podría haber pasado desapercibida, porque hablaba de algo que ocurre fuera de nuestra cotidianidad, de un hecho muy concreto.

Tres venados y un gamo fueron abatidos de forma ilegal. Y lo más curioso es que a los cuatro les habían cortado la cabeza.

La noticia hablaba de una operación del Seprona contra un grupo organizado de furtivismo que llevaba meses actuando en cotos de Badajoz y Cáceres. La investigación los condujo hasta cuatro personas que fueron interceptadas durante un control nocturno en la carretera EX-315, entre Aliseda y Villar del Rey.

En el vehículo encontraron un rifle, munición, un silenciador artesanal, un visor térmico y carne de cérvido. Después los relacionaron con la muerte de aquellos cuatro animales en un coto del sur de Cáceres.

No parecía una incursión improvisada. Había planificación y reparto de funciones: quien conducía, quien reconocía el terreno, quien seleccionaba las piezas y quien ejecutaba los disparos. Las cabezas o las cornamentas habían sido retiradas presuntamente para utilizarlas como trofeos. Y el valor de las piezas superaba los 41.000 euros.

Todo eso estaba en la noticia.

Y, en realidad, ya contenía muchos de los ingredientes de un thriller: la noche, un grupo organizado, armas, un silenciador artesanal, un visor térmico, animales muertos en mitad del monte y unas cabezas que habían desaparecido.

Pero todavía no había ninguna historia sobrenatural que la envolviera. Ni tampoco un rito, ni nueve noches… ni siquiera existían Victoria, Tomás o Sibila. Todo esto vino después, como consecuencia de esa noticia. 

 

El caso de furtivismo en Badajoz fue el punto de partida.

 


 

La noticia llegó a mí a través de una actividad

 

Lo curioso es que yo no estaba buscando una historia sobre furtivismo ni investigando leyendas extremeñas.

La noticia llegó a mí mientras hacía el curso Sinergias Audio & Papel. Creación y adaptaciones, de la Escuela PARIX, en el que trabajábamos precisamente las posibilidades de trasladar historias y contenidos al audio.

Como actividad final tenía que realizar una propuesta de adaptación y escribir una primera secuencia. Y elegí aquella noticia sobre los tres venados y el gamo abatidos ilegalmente porque me pareció que tenía potencial. 

Y ahí empezó todo.

Porque una cosa es leer una noticia y otra muy distinta preguntarte cómo podría convertirse en una historia que alguien quisiera escuchar.

Los hechos reales ya tenían mucha tensión: una actuación nocturna, furtivos organizados, armas, animales decapitados y unas cornamentas que desaparecían del lugar. Pero limitarme a reproducir lo sucedido no me interesaba demasiado.

Necesitaba encontrar la ficción que podía esconderse detrás.

Entonces apareció una pregunta muy sencilla:

¿Y si aquellas cornamentas no se hubieran robado únicamente para venderlas o conservarlas como trofeos?

Esa pregunta abrió una puerta.

Entonces, empecé a buscar qué podía haber detrás de una cornamenta más allá de su valor relacionado con la caza y encontré algo que me abrió otra puerta: durante siglos se habían atribuido propiedades medicinales al asta de ciervo y, en el folclore extremeño, existía incluso una criatura cuyo cuerno había terminado convertido en una especie de reliquia curativa: el Escornáu.

A partir de ahí empecé a mezclar documentación, leyendas y ficción. Y en ese proceso apareció también un motivo que terminaría dándole nombre a toda la historia: las nueve noches.

De pronto la noticia dejó de ser solo una noticia de sucesos y empezó a convertirse en Nueve Noches. 

Y cobraron vida personajes que no existían en ninguna crónica: Tomás, Sibila, Victoria, Encarna o Vera-Pizarro.

Todavía no sabía hasta dónde iba a llegar aquella historia. De hecho, la primera Nueve Noches era muy diferente de la que estoy escribiendo ahora.

Pero ya había encontrado algo que me interesaba mucho más que adaptar una noticia: había encontrado una pregunta que quería seguir explorando.

 

La biblioteca tienes tesoros escondidos. Allí encontré un libro sobre la simbología de la cornamenta de ciervo y sobre leyendas populares extremeñas.

 


 

La primera Nueve Noches no era esta Nueve Noches

 

Aquella actividad final fue la primera versión de Nueve Noches. Y cuando la leo ahora reconozco muchas cosas, pero también encuentro una historia bastante diferente de la que estoy escribiendo hoy.

Para empezar, planteé una ficción sonora de entre seis y ocho episodios de unos 25 o 30 minutos. Ni siquiera había decidido todavía cuántos capítulos tendría exactamente.

Tomás era el protagonista absoluto. Era el guarda del coto desde hacía veinte años, que conocía aquella tierra y a sus animales casi por nombre. Su voz en primera persona debía conducir al oyente por la historia y servir de puente entre aquello que podía explicarse y lo que empezaba a escapar de toda explicación.

Victoria ya existía, pero ocupaba otro lugar. Era una agente del Seprona que funcionaba fundamentalmente como contrapeso racional frente a la obsesión de Tomás. Vera-Pizarro también estaba allí, aunque era un antagonista mucho más lejano: alguien cuya voz solo escuchábamos filtrada a través de grabaciones telefónicas. Y Sibila aparecía ya como ese personaje situado entre lo cotidiano y lo sobrenatural, aunque todavía no tenía la dimensión que adquiriría después.

También estaba Encarna, la abuela de Tomás, vinculada desde el principio con el conocimiento antiguo y con la transmisión del rito. Y estaban los furtivos, todavía concebidos casi como una presencia colectiva y anónima.

Es decir, muchas de las piezas fundamentales ya estaban sobre la mesa.

Pero todavía no sabía realmente cómo debían relacionarse entre ellas.

Hay algo que me resulta muy curioso cuando regreso a aquella primera propuesta: yo ya había empezado a pensar la historia desde el sonido.

Ese trabajo inicial también me llevó a pensar por qué el terror funciona especialmente bien en audio, algo sobre lo que ya escribí en Por qué el terror se escucha mejor de lo que se ve.

Sibila no necesitaba aparecer descrita entrando en una habitación. Podíamos escuchar el crujido de su silla y la puerta abriéndose antes de que Tomás llegara a ella. Encarna podía existir desde otro tiempo únicamente a través de una voz, una textura y una distancia. Y un ciervo podía convertirse en personaje sin pronunciar una sola palabra: bastaban sus pisadas, su respiración o, incluso, su silencio. Y una mosca podía escucharse como la muerte que ronda cerca de tu oído. 

Cuando recibí la valoración de la actividad, precisamente esas decisiones fueron algunas de las que destacó la profesora.

Pero también señaló algo que entonces podía parecer una observación pequeña y que, con el tiempo, acabaría siendo fundamental para construir la serie: que no tuviera tanta prisa por contar.

Porque en aquella primera secuencia ya estaba explicando demasiado.

Aquí te dejo el primer audiotráiler que hice de Nueve Noches para aquella actividad final de PARIX.

 

 

Es una pieza muy sencilla, hecha con poco tiempo y cuando la historia apenas empezaba a tomar forma. Pero me gusta conservarla porque permite escuchar cómo sonaba Nueve Noches en ese primer momento del proceso.

 

Aquí me ves en acción, concentrada, investigando y escribiendo. ¿Adivinas en cuál biblioteca estoy?

 


 

Una historia empieza antes de saber qué historia estás escribiendo

 

Cuando terminé aquella actividad, Nueve Noches todavía era una historia pequeña. Tenía una noticia como punto de partida, unos cuantos personajes, una leyenda, un rito que acababa de inventar y una primera secuencia sonora.

También tenía muchas cosas que todavía no funcionaban. Y creo que eso es precisamente lo interesante de volver ahora a aquel documento.

Una historia no siempre nace con su estructura, sus personajes y sus reglas perfectamente definidas. A veces empieza con algo mucho más sencillo: una imagen que no consigues olvidar, una noticia que hace que te detengas o una idea que te obliga a seguir preguntándote qué puede haber detrás.

Aquella primera versión contenía ya muchas de las semillas de Nueve Noches, pero todavía estaba muy lejos de convertirse en la historia que estoy escribiendo hoy.

Después llegaron nuevas preguntas, correcciones, conversaciones, personajes que cambiaron de lugar y decisiones que obligaron a desmontar partes que parecían resueltas.

Porque escribir una historia también consiste en descubrir, poco a poco, cuál es la mejor manera de contarla.

Y Nueve Noches todavía tenía mucho camino por recorrer.

 

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